lunes, 1 de junio de 2020

[Diversidad] El cuerpo equivocado

Ser trans en una sociedad transfóbica es complicado. Ser una persona de género no binario en una sociedad que piensa y estructura todo en términos binarios es también complicado. Como estudiante de ciencias biológicas sé que la idea de las categorías binarias en la naturaleza es un mito. Escribí ampliamente sobre ese tema en mi entrada sobre la cuestión del sexo biológico.

Nada que esconder
Nada que esconder.
Entre tantas batallas diarias que tenemos que dar las personas trans, la disforia es una de las más desgastantes a nivel mental. Me refiero a la sensación de que el cuerpo no refleja la identidad propia, y de alguna manera en la mente une se visualiza diferente, mientras que sabe que eso que ven les demás no es la percepción que une tiene de sí misme. Es un sentimiento de malestar constante que acarrea bastante frustración y auto-rechazo.

La disforia es real. Incluso hay estudios científicos (a la gente le encanta la expresión “estudios científicos”, acá me refiero a estudios comparativos que implican el análisis de variables fisiológicas asociadas a la actividad neuronal medidas en laboratorio) que constatan la existencia de esa disforia. También hablé más sobre ese tema en la entrada sobre el sexo biológico.

Nos preguntamos si esa disforia, que sabemos que es real, se origina a partir de una predisposición intrínseca que puede ser explicada, por ejemplo, por factores biológicos, o si es fruto de la influencia de constructos sociales en nuestra psicología. Por ahora no tenemos una respuesta definitiva, según el avance en el abordaje del tema desde distintas disciplinas, que no es mucho tampoco.

La disforia es algo que se siente. Usualmente le asignamos un valor negativo, así que va a sonar raro pero lo voy a comparar con algo a lo que le asignamos un valor positivo: los gustos musicales. ¿Por qué me gusta la música que me gusta? ¿Tengo alguna especie de predisposición natural intrínseca a que me guste la música que me gusta? ¿O solo me gusta todo lo que pueda asociar o se parezca de algún modo a lo que me impusieron por ejemplo mis padres durante la infancia?

Esto es solo un ejemplo a los efectos de ilustrar mi punto, que quedará más claro en breve. A mí me gusta mucho el rock progresivo, he crecido rodeado de rock progresivo por influencia de mis padres, desde los 4 años he sido cercano a una comunidad radial en torno a un programa especializado en ese género musical, y tengo muchísimos recuerdos de la infancia y adolescencia que me llenan de nostalgia cada vez que escucho determinadas canciones. Podríamos entonces decir que lo que siento por esa música es fruto de las influencias y las experiencias que me condicionaron. Pero, ¿significa esto que ese gusto musical es “menos verdadero” o menos válido?

Con la disforia pasa lo mismo: creo que ahora mismo no estamos en condiciones de establecer límites precisos entre qué parte de nuestro sentir estaba predeterminado por variables biológicas o incluso genéticas y epigenéticas, y qué partes son producto de la interacción con el medio, o sea, con la sociedad en la que nos tocó crecer. Pero eso no significa que no exista y que no sea un sentir que a muchos nos trae bastante dolor y frustración. Existe, y tenemos que hacer algo con eso, porque a muchos no nos deja vivir en paz.

Cada día de mi vida batallo contra esa disforia, y desde hace ya tantos años, que terminé olvidando cuándo la sentí por primera vez. Algunos días llego a sentirme mejor, otros tengo “recaídas”. Constantemente me esfuerzo por tratar de convencerme a mí mismo de que mi cuerpo está bien, al contrario de lo que me han hecho creer toda mi vida. No obstante, cuando salgo a la calle y la gente no respeta mi identidad, cuando se refieren a mí con pronombres que no son los que me corresponden, lo único que puedo pensar es “quiero cambiar todo mi cuerpo ya”.

Para peor, no se ven demasiado los cuerpos como el mío. Hace unos días me dediqué a buscar exhaustivamente en Google para corroborar que lo que digo es cierto. En mi búsqueda encontré y vi casi todo tipo de cuerpos, pero hallé solo uno del que pude decir “este cuerpo es como el mío”. Es como si a los cuerpos como el mío hubiese que ocultarlos. Están prohibidos, no se pueden mostrar con orgullo, dan asco.

Hay una idea de “cómo se debe hacer una transición de género”, como si fuese una lista de cosas que uno tiene que ir tachando. La ropa, el corte de pelo, el tratamiento de reemplazo hormonal, las cirugías. Yo no sé si quiero cirugías, honestamente. No lo sé. Tengo que sopesarlo con calma y todavía no me planteé ponerme a ello. ¿Eso me hace menos trans o menos válido? (Spoiler: no).

Si el cuerpo de una persona trans ya es un tabú, más aún lo es el que no pasó por todos los ítems de esa lista de “pasos a seguir para una transición de género”. Veo bastante el típico cuerpo trans masculino con las cicatrices de mastectomía en el pecho y muchas horas de gimnasio arriba. Yo no soy así. Mi cuerpo ni se parece a esos, ni se va a parecer jamás. Pero mi cuerpo existe, y es el que es.

Como sociedad, creamos dos (solo dos) categorías de género a las que asignamos arbitrariamente todo un paquete de características y atributos. Salir de ese esquema hoy en día parece solo estar permitido si estás dispuesto a atravesar la mayor cantidad de pasos posibles para ir de un extremo del esquema binario al otro. Mucha gente incluso sigue usando las siglas “MTF” (“Male To Female” o “de hombre a mujer”) y “FTM” (“Female To Male” o “de mujer a hombre”) para clasificar a las personas trans, como si fuésemos objetos que salen de un cajón para meterse en otro.

Más aún, al día de hoy todavía hay gente que sigue hablando de “transexualidad” en lugar de “transgeneridad”, cuando de todo lo que he escrito aquí se deduce clarísimo por qué el primer término es incorrecto, además de que tiene detrás una carga histórica patologizante hacia las personas trans. Pero esa es otra discusión.

Volviendo al hilo de la disforia, hay una idea muy arraigada en la gente que es la del “cuerpo equivocado”. Nacimos en un cuerpo equivocado. Eso nos dicen, y eso repetimos muchos de nosotros hasta que nos planteamos seriamente el asunto. ¿Qué significa que el cuerpo esté equivocado?

Entiendo que la naturaleza no es perfecta ni infalible, y muchas veces cargamos con padecimientos físicos que perjudican nuestra calidad de vida. Yo tengo por ejemplo un combo de problemas respiratorios que condicionan mi rendimiento físico. Pero eso son patologías. Ser trans no es una patología.

La idea del cuerpo equivocado viene de asociar los distintos aspectos del sexo biológico (mal entendidos como un paquete indivisible) con el género de una persona, que es un aspecto de la identidad. El concepto se cae a pedazos apenas entendemos que el sexo biológico no es lo que nos dijeron que era, sino un combo de factores diversos, un espectro lleno de posibilidades y excepciones, nada binario, y que además tampoco está vinculado al género de una persona.

Me gusta pensar que algún día entenderemos que el cuerpo no tiene nada que ver con el género. Que no se nace en el cuerpo equivocado. El cuerpo es el que es, y el género no tiene nada que ver, ni los pronombres, ni la identidad y la esencia de uno. Que determinadas características no le dan a otres el derecho de referirse a une con los pronombres que no le identifican.

Pero para que eso ocurra, tenemos que ser conscientes de dónde estamos errando conceptualmente como sociedad. Eso implica normalizar todos esos cuerpos que se alejan tanto de lo que ahora se considera el cuerpo estándar de una persona cisgénero (“cis” = “no trans”) que hoy en día los ocultamos y rechazamos aún cuando son nuestros propios cuerpos.

Mi cuerpo no está equivocado
Mi cuerpo no está equivocado.
Visibilizar y normalizar todo lo que existe fuera de los cajones binarios que construimos como trampas que nos tendimos a nosotres mismes. Porque no todas las vivencias trans son iguales, ni siguen la misma lista estructurada de pasos a ir completando. Por la razón que fuera, se me ocurren unas cuantas, y son todas igual de válidas. Porque todes somos diferentes y vivimos la disforia y nuestra relación con el cuerpo propio de maneras diversas.

Está perfecto si alguien quiere o no quiere someterse al tratamiento de reemplazo hormonal (en mi caso por ejemplo he decidido hacerlo solo por un tiempo específico, pero hablaré de eso en otra entrada futura), está perfecto si desea o no desea someterse a intervenciones quirúrgicas. Está perfecto usar o no usar maquillaje, independientemente del género, o internarse o no en el gimnasio, o cortarse el pelo de tal o cual manera, o vestirse con cualquier tipo de ropa, porque eso de que la ropa tiene género es tan ridículo…

Está perfecto lo que une desee hacer con su imagen y su cuerpo y nada de eso quita que la gente debe respetar los pronombres (y preguntarlos, no asumirlos) siempre. Está perfecto ser trans, tanto como ser cis. Existimos, somos diverses, y esa diversidad es hermosa. No hay nada de lo que avergonzarse, no hay nada que ocultar.

Y mi cuerpo, que nunca se va a parecer a ninguno de los cuerpos que hoy parecen ser los que gozan el privilegio de la aceptación, este cuerpo existe, es válido, y va a estar perfecto en la medida en que me haga feliz, independientemente de cuántas veces me hayan querido hacer pensar que era un cuerpo equivocado. Solo yo puedo decidir cómo quiero que sea mi transición de género, qué pasos quiero dar y cuáles no, y qué resultados espero, de acuerdo a cómo vivo mi identidad y cómo me siento bien conmigo mismo. Y nadie debería opinar sobre mi cuerpo y mucho menos tratarlo como si fuese algo repulsivo, porque no lo es.

El único cuerpo equivocado es la sociedad que se adjudica el derecho de elegir mi identidad y mis pronombres por mí, basándose en una elección arbitraria de rasgos de mi cuerpo. Contra eso tenemos que luchar, no contra nosotres mismes.

Me despido con una canción, “Transgender Dysphoria Blues” de la banda estadounidense de punk rock Against Me! (liderada por la cantante y guitarrista Laura Jane Grace, que compuso esta canción a partir de su propia vivencia trans). Un verdadero himno de nuestra lucha contra esa disforia, que a mí en lo personal me llena de energía para seguir dando batalla.



~L. Tukić

lunes, 27 de abril de 2020

[Relato] El hombre carbonizado

El siguiente relato forma parte de mi primer libro, Reflexiones y refracciones, publicado en 2018.

[Advertencia de contenido: violencia de género / feminicidio.]

El hombre carbonizado


El hombre carbonizado sigue ahí. Me mira desde la puerta frente a la mía. Yo solo moví la cortina a un lado y entonces lo vi, a través del vidrio. Su puerta está abierta y él está atravesado en el umbral, con sus manos firmes apoyadas en el suelo. Mira hacia arriba, desde abajo, y no llego a ver sus piernas. Capas irregulares de ceniza oscura cubren todo su cuerpo. Menos sus ojos: a veces están ahí, a veces no los veo. Se mueve. O no. Intenta salir. Está huyendo. No, está viniendo a buscarme. ¿Por qué a mí? Yo no lo conozco, pero siempre estuvo ahí. No sé cómo era antes, ni siquiera sé si es un hombre o una mujer. Solo puedo visualizarlo como una silueta negra caminando por la ciudad.

Lo veo en la peatonal, cruzando de lado a lado, interceptando a la gente y tratando de decir algo. Todos pasan de él, siguen su camino, lo ignoran. Lo veo sentarse en el umbral de un edificio público, resignado, aún intentando hablar con la gente que pasa demasiado cerca. Lo veo entrar a la comisaría, y salir al rato, igual que como entró. Nada cambia para él, porque nadie lo escucha. No puedo ver más que su silueta negra, cenicienta, arrastrando los pies, arrastrando su vida. Se cubre el rostro para viajar en el transporte público. Usa unos lentes oscuros, los más grandes que pudo conseguir. Pero ahora sus ojos están ahí, mirándome, desde su umbral. Y me miran con miedo y odio a la vez. ¿Por qué a mí?

En una ventana, frente a mi puerta, a unos metros de la del hombre carbonizado, hay alguien. Sentí su presencia por el rabillo del ojo y giré para ver. Es una silueta pálida. Puedo adivinar en ella un camisón blanco y un cabello rizado cubierto de canas. Al igual que yo, no hace nada, solo observa. ¿Qué mira? ¿Al hombre carbonizado? ¿A mí? ¿Se preguntará por qué yo no estoy haciendo nada, mientras yo me pregunto por qué ella no hace nada? En un segundo, su existencia desaparece de mi mente, porque no puedo quitar un instante más la vista del hombre carbonizado. Por momentos creo que se mueve. Por momentos siento que tras él, dentro de la oscuridad al otro lado de su puerta, hay alguien. Alguien que de a ratos pasa caminando de un lado al otro.

Está nervioso, tiene miedo, al igual que nosotros, por el hombre carbonizado, porque todos sabemos que no es normal que esté ahí, expuesto, mostrando a todo el mundo una verdad que queremos ignorar. Sé quién es él, es la única persona que podría estar allí dentro. Creció en esa casa, en el barrio lo conocemos desde que era pequeño. Pero el hombre carbonizado es una incógnita. Mis ojos permanecen fijos en él. Es lógico pensar que está muerto, porque vamos, es un hombre carbonizado. Pero aún así, lo vigilo con pavor, como si pudiese sentir que en algún momento se levantará y nos arrastrará a todos con él. No sé quién es. Yo lo ignoré. La gente de la peatonal lo ignoró. La gente del transporte público lo ignoró. Y por eso hoy está allí para que todos lo veamos. Con sus últimas fuerzas decidió arrastrarse hasta la puerta para que nadie pueda decir que no vio lo que ocurrió.

Esa es la verdad que no queríamos afrontar. El hombre carbonizado está muerto por nuestra culpa. Y todos estamos condenados a verlo en nuestras pesadillas por todo lo que no lo vimos en la realidad. Lo veremos trepando por las paredes de nuestra casa, entrando por la ventana, y carbonizándonos a nosotros también con solo tocarnos. Porque todos pudimos evitarlo y nadie lo hizo. Porque nadie la vio como un hombre carbonizado el día que llegó a la casa del muchacho. Porque todos pensamos que era una persona extraña de la que había que alejarse, cuando la veíamos pasar cubriéndose el rostro, cuando, a diferencia del muchacho, ella no nos saludaba. Porque todos comentamos que algo raro ocurría dentro de esas paredes, porque todos notamos los movimientos fuera de lo común, la policía, los gritos, las marcas de golpes que ella intentaba ocultar. Pero nadie hizo nada, y ahora es un cadáver a la espera de la verdad, mientras que tras ella se ahoga en desesperación un hombre con la mente carbonizada.

~L. Tukić
06.03.2018

lunes, 20 de abril de 2020

[Lectura] “La chica danesa” —David Ebershoff

La chica danesa - David Ebershoff
Título: La chica danesa.
Título original: The Danish Girl.
Autor: David Ebershoff.
Publicación: 2000.
País: Estados Unidos.
Páginas: 352.
Géneros: Novela, histórica, drama.

«Einar sólo conseguía concentrar su atención en la seda que le cubría la piel como una venda. Sí, así le había parecido la primera vez: la seda era tan fina y móvil, que casi se diría gasa, una gasa empapada de bálsamo que le caía delicadamente sobre una piel enferma y la curaba. Incluso el apuro de estar en pie ante su mujer comenzó a dejar de preocuparle, porque la veía absorta en su pintura con una intensidad totalmente ajena a ella. Einar empezaba a sumirse en un vago mundo de sueños en el que el vestido de Anna podía pertenecer a cualquiera, incluso a él.»

El libro de la reseña de hoy es especial para mí porque fue con el que entré al #Clubdelectura.uy, allá por noviembre de 2017, cuando tocó el mes temático de historias basadas en hechos reales. En sí era un libro que ya tenía ganas de leer desde antes, tras haber visto la película homónima de 2015. En esta entrada me dedicaré más que nada a contarles mis impresiones sobre el libro, aunque incluiré algunos comentarios breves sobre la película.

La novela se basa en la vida de Lili Elbe, reconocida como la primera persona en someterse a una cirugía de reasignación de sexo. La historia comienza en Copenhague, Dinamarca, en 1925, cuando Lili aún era conocida como Einar Wegener y socializaba como un hombre. Greta, su esposa, también pintora, le pide el favor de que suplante a su modelo para un cuadro, un día que esta no puede acudir a la cita. Para ello, Lili debe posar con la ropa de esta modelo, y aunque al principio intenta negarse, termina haciéndolo y descubriendo en el camino algunas sensaciones que estaban muy enterradas en su ser.

A partir de esta escena, Lili comienza a utilizar este nombre para socializar en contadas ocasiones, alentada por su esposa, en las que se viste de un modo femenino y se hace pasar por “una prima de Einar”. Con ello, poco a poco vemos como las dudas sobre su propia identidad comienzan a surgirle mientras va descubriendo que se siente mucho mejor viviendo el género femenino.

La veremos entonces pasar por situaciones de euforia en las que disfruta la vida que no pudo permitirse antes, pero también tendrá que atravesar varias dificultades que constituirán los elementos más dramáticos de la historia. En una época en que la transgeneridad era un tema tabú, Lili hallará al principio grandes problemas para entender lo que le sucede, y pronto se encontrará con la resistencia de su tiempo, las terapias médicas de aversión, y la confusión de su propia esposa, que igual intenta apoyarla a pesar de todos sus miedos y dudas.

David Ebershoff
David Ebershoff

En su momento disfruté bastante la lectura de este libro. En algunos pasajes noté que la narrativa se tornaba un poquito tediosa, pero en mi caso no fue lo suficiente como para impedirme leer la novela completa en dos días. De hecho, destiné todo un fin de semana solo a leerla, y en ningún momento sentí la necesidad de despegarme de ella porque me causara aburrimiento. Tal vez, eso sí, mi nivel de interés decaía un poco cuando leía los capítulos que profundizaban en el personaje de Greta.

Hablando de Greta, creo que su trasfondo es lo que más se aleja de los hechos que inspiraron el libro, ya que la persona en quien se basa es Gerda Gottlieb, de origen danés al igual que Lili. En el libro, aparece como Greta Waud y proviene de Pasadena, California, al igual que el autor del libro. Todos los detalles sobre su pasado son un añadido ficticio, y en lo personal no lograron captar demasiado mi atención.

La historia de Lili, por otro lado, me había conmovido al ver la película, por ver reflejados momentos de mi propia vivencia como persona trans. Al leer la novela, encontré incluso más profundidad en la identificación con la protagonista, sobre todo con la forma en que va descubriendo su género, y su gran confusión inicial. La identificación de Lili con el género femenino va llegando en ráfagas, de forma progresiva, y eso incluye el recordar vivencias y sensaciones de su pasado que tal vez de forma subconsciente ella había tratado de ocultarse a sí misma. La negación es bastante común entre las personas trans que aún no han asumido su identidad de género, es algo que a mí me ha pasado también. Y la emoción y el miedo al descubrir esa euforia escondida, el deseo de explorarla y conquistarla, es algo en lo que me vi reflejado y me conmovió mucho.

También me conmovió todo el apoyo que recibió Lili, en especial de parte de su esposa, que sin comprender del todo, y llena de interrogantes, decide priorizar el demostrarle a Lili el profundo amor que profesa por ella, y apoyarla incondicionalmente. Además es Greta quien termina contactando a Lili con otras personas que la apoyarán muchísimo a lo largo de su transición de género. Las personas trans solemos tener miedo de perder a nuestros seres queridos al asumir nuestra identidad de género, por lo que esa demostración de apoyo y acompañamiento logró emocionarme. No obstante, todo sea dicho, la gran preocupación de Greta por Lili en ocasiones roza la sobreprotección y llega a tener un par de actitudes posesivas cuestionables.

Lili Elbe
Lili Elbe

En general, me identifiqué bastante con la forma en que el autor reflejó la confusión de identidad de Lili, porque como mencioné en mi entrada sobre mi transición de género, yo no tuve desde siempre la oportunidad de saber que mi identidad de género no era la que según los demás se suponía que debía ser, y no saber que mi sentir era válido me trajo muchos años de malestar y dudas. Es razonable que si toda la vida a uno le dicen que debe ser de una manera, y lo castigan si intenta llevar la contraria a eso, al final uno un poco termina creyéndolo y se vuelve muy difícil aceptar que no tiene por qué ser así. Y en el afán de buscar una explicación cuando no se tiene tanta información, uno termina creándose la narrativa que puede con las herramientas que tiene.

Sin embargo, me preocupa que, por momentos, lo que ocurre en la mente de Lili parece más bien narrado como si fuese un Trastorno de Identidad Disociativo (TID), que no es lo mismo que ser una persona trans y una cosa no implica la otra. Es decir, se nos presenta a Einar y a Lili como dos identidades o fragmentos disociados de su personalidad, incluso llegando a sugerir episodios de amnesia o falta de consciencia mutua sobre las acciones de la otra identidad. Errores de este tipo contribuyen a la desinformación, tanto sobre la transgeneridad como sobre los trastornos disociativos, por lo que me gustaría que el autor hubiese cuidado más este aspecto. Si les interesa saber más sobre el TID o sobre otros trastornos disociativos, les recomiendo el canal de YouTube de Long Soul System, una paciente de TID muy informada, que además está estudiando Psicología, y me parece la mejor manera de conocer de primera mano la experiencia de alguien que vive con esta condición.

Para ser un libro basado en hechos reales, tiene más componente ficticia que histórica. No recomendaría este libro para alguien que está buscando información sobre la transgeneridad. Tampoco lo recomendaría para quien busca leer por primera vez algo de ficción sobre el tema (en ese caso trataría de buscar algo escrito por alguien trans, y este libro no es el caso). Pero a pesar de los errores y ambigüedades conceptuales que encontré, me parece que el libro genera cierta empatía y conmueve, y esa es mejor forma de poner un tema sobre la mesa que desde el rechazo y el morbo. Lo recomiendo para quienes disfrutaron la película y quieren conocer el libro en que se basó.

Sobre la adaptación cinematográfica, tengo sentimientos encontrados. En general me emocionó bastante ver la película por lo mucho que me identificaba con el descubrimiento de Lili de su identidad de género. Me entusiasmaba también la idea de que mucha gente la viera y gracias a eso empatizaran con las personas trans. Pero, a pesar del papel brillante que hace Eddie Redmayne como Lili Elba, me indigna un poco el hecho de que hayan escogido a un actor hombre cis para interpretar a una mujer trans.

Las personas trans solemos tener grandes problemas para conseguir trabajo (por ejemplo, yo ya llevo cinco meses buscando empleo), nos enfrentamos a la discriminación y estigmatización en muchos ámbitos, y me dolió ver que ni siquiera encontraran en un personaje trans la excusa para contratar a una persona trans para interpretarla. A futuro, me gustaría que se tuviera en cuenta a las personas trans a la hora de retratar nuestras historias y vivencias. Tenemos voz propia, queremos ser escuchades. Y queremos trabajar.

Léan autores trans, y si quieren escribir historias sobre personas trans, háganlo en diálogo con nosotres. Contraten actores trans para interpretar personajes trans, o al menos actores del mismo género del personaje. Si no se estila que un hombre cis interprete a una mujer cis, ¿por qué sería diferente con una mujer trans? Es como poner a un actor blanco a interpretar a un personaje negro, así de absurdo lo veo. Visibilizarnos es el primer paso, pero aún estamos lejos de estar en igualdad de condiciones y derechos respecto a las personas cis. Queremos dejar de ser relegados.

~L. Tukić

lunes, 13 de abril de 2020

[Lectura] “Los pequeños hombres libres” —Terry Pratchett

Los pequeños hombres libres - Terry Pratchett
Título: Los pequeños hombres libres.
Título original: The Wee Free Men.
Autor: Terry Pratchett.
Publicación: 2003.
País: Reino Unido.
Páginas: 375.
Géneros: Novela, fantasía, juvenil.

«“Tendría que haberme organizado mejor —pensó, aletargada—. No debería haber confiado en sueños. O, quizá, tendría que haber sido un ser humano de verdad, más… sensible. ¡Pero no es culpa mía que no llorase! ¡Es que… no salía! ¿Y cómo voy a dejar de pensar? ¿Y de pensar en pensar?”
   Vio la sonrisa que bailaba en los ojos de la reina y añadió: “¿Cuál de esas personas que piensan tanto soy yo? ¿Acaso existe de verdad un
yo?”»


Después de leer Buenos presagios, de Neil Gaiman y Terry Pratchett, me propuse conocer a cada uno de los autores por separado. Vi mi oportunidad cuando Los pequeños hombres libres de Terry Pratchett resultó elegido como el libro del mes del #Clubdelectura.uy en octubre de 2019, correspondiente a la temática de brujas. Hoy, en el marco de la iniciativa #ElClubTeRecomienda, les traigo mi reseña de este título.

Este libro es el primero de la saga juvenil de Mundodisco (Discworld), un universo ficticio donde transcurren una enorme cantidad de obras del autor. Sí, son muchísimas, y eso me inquietó bastante cuando me planteé abordar la literatura de este señor, pero tengo la suerte de haber comenzado por el libro indicado. Y, como me dijo una amiga hace unos días, ahora que estoy dentro, ya no podré salir.

En las colinas de creta, una forma de roca caliza que se usa para la tiza (y de la que deriva el nombre del período Cretácico en el que se extinguieron los dinosaurios), se encuentra la granja de los Dolorido. Allí vive Tiffany, una niña de nueve años, muy perspicaz e ingeniosa, que tiene la convicción de querer convertirse en una bruja cuando sea mayor. La historia comienza cuando un mundo de monstruos y pesadillas colisiona con el de la protagonista, y alguien se lleva a su hermano pequeño.

La joven aspirante a bruja se arrojará entonces a la aventura de rescatar a su hermano, armada para ello con una sartén y el presunto libro de magia de su abuela (Enfermedades de las ovejas). La acompañarán además los Nac Mac Feegle, que son los pequeños hombres libres que dan título al libro, una tribu de seres denominados pictsis (fusión de pixies, diminutas criaturas mitológicas del folclore británico, con pictos, antiguas tribus celtas que vivían en lo que hoy es Escocia).

Apenas comencé a leer el libro me encontré con un recurso que reconocí de cuando había leído Buenos presagios: las hilarantes notas al pie. No hay una sola de esas notas al pie que no me saque una sonrisa. La novela maneja un tono humorístico bastante satírico y por momentos ácido, intercalando crítica social con parodias de obras clásicas de fantasía y elementos folclóricos o mitológicos. De por sí, los Nac Mac Feegle son una especie de Pitufos celtas (al mejor estilo de la película Corazón valiente) con actitud de piratas.

Terry Pratchett
Terry Pratchett

La historia resulta muy entretenida de leer, el estilo de narrativa de Pratchett genera un ambiente mágico y onírico que sumerge por completo al lector en la lógica de Mundodisco. No obstante, me impresionó cómo este autor es capaz de incluir en semejante universo ficticio situaciones y reflexiones muy profundas relativas a nuestra realidad.

Referente a esto último, quiero mencionar dos fragmentos en particular que me impactaron muchísimo. El primero fue la historia de la señora Snapperly, a quien el pueblo acusó de bruja. Los aldeanos quemaron la casa de la anciana y la abandonaron a su suerte. Está narrado con mucha sensibilidad, y da a entender que la mujer, que probablemente padecía algún trastorno mental, de acuerdo a las descripciones, fue tomada como chivo expiatorio cuando la gente necesitaba hallar un culpable para la desaparición del hijo del barón. En la ignorancia y el miedo a lo diferente, la condenaron a vivir como indigente hasta que llegó el invierno y no sobrevivió. Una anécdota muy cruda que refleja actitudes lamentables que como sociedad aún tenemos. A lo mejor ya no acusamos a la gente de brujería, pero en general tratamos muy mal a las personas que padecen trastornos mentales, y a quienes viven en situación de calle.

El otro fragmento que me impactó fue cuando nos enteramos sobre Sneebs, un curioso hombrecillo que lleva años en el mundo pesadillesco de la reina, y que a pesar de que en algún momento logró salir y volver a su mundo, terminó regresando por voluntad propia al cabo de un tiempo. «Dijo que era mejor encajar donde no encajas que no encajar donde antes sí encajabas, recordando el tiempo en que lo hacías». Al leer esta frase, vi muy identificada mi experiencia personal como inmigrante: cada vez que vuelvo a mi país de origen me siento más ajeno a él, y la sensación es triste. Me siento mejor donde vivo ahora, aunque siempre surge algo que me recuerda que no encajo del todo, que no soy de aquí.

Más allá de esos dos momentos que removieron fuertes emociones en mí, el libro en general me parece una excelente puerta al mundo de Terry Pratchett, siendo muy disfrutable en su totalidad. Descubrí que me gusta bastante el estilo de este autor, lleno de magia y fantasía, y con un humor que logra funcionar conmigo, lo que no es poca cosa porque el humor es algo que me cuesta bastante. Y que a la vez su obra esté salpicada de reflexiones encubiertas sobre temas profundos de nuestra realidad, ¿qué puedo decir? Me conquistó por completo. Sin duda lo recomiendo, para mí ha sido una hermosa bienvenida a Mundodisco, y ya estoy deseando volver a leer a este maravilloso señor del sombrero.

~L. Tukić

lunes, 6 de abril de 2020

[Diversidad] Mi transición de género

Pre-TRH
Julio 2019: tras años de ocultarlo,
decidí asumir mi identidad trans.
Mañana cumplo medio año desde que empecé mi tratamiento de reemplazo hormonal con testosterona. Tuve entonces la idea de dedicar una entrada en este blog para compartir mi experiencia personal respecto a mi transición de género. Un poco porque me gusta hablar abiertamente de esto para informar a la gente, y otro poco para hacer una especie de “introspección en voz alta” y llevar un registro.

Tengo 26 años. Si bien mi transición médica comenzó hace seis meses, considero que mi transición de género fue un proceso de años. Es que es muy difícil explorar y descubrir la identidad propia cuando uno creció con los comentarios de la gente sobre lo que se supone que uno “debería ser”. Suposiciones erradas en base a concepciones sociales falaces que parten de simplificaciones mal entendidas de la biología (si quieren saber qué dice en realidad la biología respecto al género y al sexo biológico, escribí sobre eso aquí).

Pre-TRH
Julio 2019: lo primero que hice
fue cortarme el pelo a máquina.

Al menos desde los 4 años ya sabía que no era una niña, a pesar de lo que me decían. Lo expresaba como podía, y el mensaje siempre se perdía. Hay que aclarar que esto no se trata de gustos, si bien se da la casualidad de que en general mis gustos estaban más alineados con lo “estereotípicamente masculino”. El género no tiene nada que ver con eso. Había algo intrínseco que no lograba entender pero que me causaba el malestar de sentir que la gente me encasillaba en un género con el que yo no me identificaba.

Crecí pensando que lo que me pasaba estaba mal, que era incorrecto y digno de burla. Desarrollé comportamientos contradictorios al respecto, y pasé por varias etapas de negación y mucho malestar. Creía que era imposible que las cosas fuesen de otra manera, diferente a como me habían dicho siempre que eran. En mi fuero interno, yo sabía que yo no era la persona que todos decían que era. Pero no tenía las herramientas para resolverlo. Solo podía fantasear con mi verdadero yo.

Recuerdo que cuando era chico miraba Dragon Ball y me encantaban los namekianos. Para quienes no sepan, los namekianos en este anime son una especie extraterrestre, del planeta Namek. Tienen la particularidad de que son todos de un mismo género, que no es ni femenino ni masculino, pero utilizan pronombres masculinos. Akira Toriyama se basó en los caracoles para crearlos. Además son verdes, pero eso no viene al caso.

Namekianos en Dragon Ball
Namekianos en Dragon Ball.

Me llevó muchísimos años explorar las distintas concepciones socioculturales del género para entender lo que me pasaba. Porque en un principio, guiado por el binarismo tradicional, pensé “si no soy mujer, entonces tengo que ser hombre”. Fue frustrante cuando descubrí que tampoco me identificaba del todo como hombre (aunque siempre me sentí más cerca de eso que de ser mujer, pero seguía siendo una identificación parcial). La gente cis tiene el privilegio de conocer, comprender y aceptar su identidad de género desde pequeños. A las personas como yo en general nadie nos dijo que podíamos ser lo que somos, que era una opción válida y que no está mal, así que tenemos que investigar mucho para descifrarlo.

Al final, los años de exploración me llevaron a entender que mi género no entra dentro del binarismo tradicional de hombre/mujer. Soy una persona no binaria (aunque cuando me da pereza explicar digo en broma que mi género es inefable), y tengo una fuerte preferencia por utilizar los pronombres masculinos conmigo mismo, me encuentro cómodo con eso. Además tengo una expresión de género más masculina que femenina, aunque combino un poco de ambas cosas. Cada persona no binaria es un mundo, somos un colectivo bastante diverso, por lo que no se puede generalizar nunca sobre los pronombres que utilizamos, o si somos andróginos o no.

Pre-TRH
Septiembre 2019: en mi facultad
ya era conocido como Lihuén.

Con 21 años, y después de sobrecargarme de información al respecto, estaba bastante convencido de que había grandes probabilidades de que yo fuera una persona trans. Fue en ese entonces cuando busqué un nombre que me identificara. Llegué primero a mi segundo nombre, Lihuén, y fue bastante rápido: quería que fuese mapuche, como mi anterior segundo nombre y como el segundo nombre de mi hermano (ambos los había elegido mi padre), y quería que fuese un nombre sin género, lo cual se cumple. Luego le pregunté a mi padre qué nombre me habría puesto si no me hubiesen asignado el género femenino al nacer, y me dijo Lihuén también.

Llegar a mi primer nombre costó mucho más. Usé un tiempo en Internet un nombre que me gustaba mucho desde que era adolescente, pero no me terminaba de convencer. Le pregunté a mi madre qué nombre me habría puesto si me hubiesen asignado el género masculino al nacer, y experimenté por un tiempo con uno de los que me dijo. Ambos nombres, el primero que probé, y el que me dijo mi madre, me gustaban muchísimo. Pero algo no cuadraba: no sentía que si me gritaban ese nombre por la calle me fuese a dar por aludido. Eran nombres hermosos, pero no míos.

Ludomir apareció en mi cabeza sin buscarlo. Es muy similar a mi nombre anterior, es casi una versión masculina del mismo, con una pequeña variante. Al principio lo ignoré. Pero lo escuchaba en mi cabeza, una y otra vez, como si quisiera contarme mi propia historia. Era yo, tratando de hablarme a mí mismo. Suena muy “poético” pero en verdad estoy intentando poner en palabras lo que me ocurrió con ese nombre. Terminé aceptándolo, y en consecuencia, me acepté como Ludomir Lihuén.

Pre-TRH
Septiembre 2019: al conseguir
mi primer binder pude dejar
de caminar encorvado.

Por circunstancias de la vida, y por el enorme miedo que tenía de comenzar mi transición médica y social, más que nada por todo lo que podía perder al hacerlo, no pude “salir del armario” hasta mis 25 años. Desde los 21 removí mi nombre anterior de todas mis redes sociales. Fue también cuando comencé a usar el apellido de mi abuela paterna, así que aparecía como Lud Tukić en todos lados (Lud es la raíz que comparte Ludomir con mi nombre anterior, por lo que resultaba ideal para sentirme mejor sin generarme complicaciones que aún no podía enfrentar).

A mis 24 años publiqué mi primer libro, y lo hice bajo el seudónimo de L. Tukić. Sabía que tarde o temprano iba a tener que asumir mi identidad, y como cuando escribo es uno de los pocos momentos en los que me siento 100% yo, auténtico, sin la presión de las expectativas ajenas, no quería ver mi obra firmada por una identidad falsa, impuesta sobre mí desde que nací.

Poco antes de cumplir los 26 años comencé mi transición social, de a poco. Mis amistades fueron un punto de apoyo indispensable, mi lugar seguro, y siempre les voy a estar agradecido por la voluntad que pusieron para hacerme sentir cómodo. Con mi familia de sangre las reacciones fueron diversas y algunas bastante dramáticas. Con mi entorno laboral de aquel entonces fue todo bastante tenso, así que me sentí aliviado en ese sentido cuando cesó mi cargo. Fueron meses complejos, entre la alegría de al fin dar esos pasos, y los miedos, decepciones y tristezas por quienes decidían no acompañarme en este camino.

1 mes en TRH
Noviembre 2019: 1 mes en TRH.

Un mes después de cumplir los 26 años, el 7 de octubre de 2019, comencé mi tratamiento de reemplazo hormonal (TRH) con testosterona. Hacía años que fantaseaba con los cambios físicos que deseaba ver en mi cuerpo, porque en mis sueños y en mi mente yo era de una manera, y en el espejo encontraba otra cosa (si habré sufrido crisis de ansiedad por ese motivo). Comencé con dosis bajas que me aumentan cada dos meses (cada tratamiento es único de cada persona, por favor nunca hagan estas cosas sin supervisión médica, yo hice todo controlado por médicos de varias especialidades). Todavía no llegué a la dosis completa, me inyectan una vez por mes una fracción de la ampolla/vial, por lo que los cambios físicos están siendo muy lentos y graduales. Pero ocurren.

El cambio que más deseaba ver en mi caso era el de la voz, porque era el aspecto de mí que más disforia me causaba. Me gustan los otros cambios, físicos y psicológicos, los estoy disfrutando mientras ocurren, pero no me molesta que demoren en darse o incluso que alguno de ellos nunca llegue. Por el contrario, con la voz estaba desesperado. Y ahora que está comenzando a cambiar me siento eufórico al respecto. Espero que ese cambio siga progresando en los próximos meses. Porque aún la tengo inestable, fluctúa mucho, y por momentos está más aguda, por momentos más grave, y por momentos parece que se me rompe. Les comparto un video para que noten el avance:

Este mes también logré por fin el cambio de mi nombre legal. El trámite en Uruguay es bastante sencillo, y gratuito, gracias a la reciente Ley N° 19.684. Ahora soy oficialmente Ludomir Lihuén, y me queda por delante corroborar que mi nombre quede actualizado en todos los sitios donde estén registrados mis datos. Lo que espero para este año entonces es terminar todos los trámites relativos a mi cambio de nombre, continuar disfrutando los cambios del tratamiento hormonal, y conseguir un trabajo donde pueda sentirme cómodo.

18 años // 26 años
Sonriendo para la foto vs. sonriendo de felicidad.

En esta foto comparativa, que considero impresionante, estoy yo con 18 años a la izquierda, justo antes de mi fiesta de egreso de bachillerato, sonriendo para la foto pero sintiéndome fatal por dentro, porque esa noche había dejado que me maquillaran y me había puesto un vestido (ambas cosas que no solía hacer porque no me gustaban, pero sentía que quería “darles el gusto” a ciertas personas). A la derecha estoy yo hace unas semanas, con 26 años, justo después de salir del Registro Civil con mi partida de nacimiento rectificada. Y esa sonrisa no es para la foto, es de felicidad. Por ver al fin realizarse todo aquello que durante tantos años creí imposible. Por no tener que fingir más ser una persona que no soy.

1 mes en TRH
Noviembre 2019: 1 mes en TRH.

Si llegaron hasta acá, les agradezco por leer mi historia, y deseo que resulte informativa para quienes no conozcan tan de cerca las vivencias de personas trans. Recuerden que cada caso es un mundo, y aunque es probable que mi historia tenga puntos en común con las de muchas personas trans, no es una regla ni se puede generalizar. Procuren preguntar y respetar los pronombres y nombres de las personas, es una cuestión de salud mental, y al hacerlo reducen considerablemente nuestro riesgo de suicidio. Somos personas y merecemos los mismos derechos que cualquier otro ser humano. Solo queremos vivir en paz y que se respete nuestra identidad.

3 meses en TRH
Enero 2020: 3 meses en TRH.

A las personas trans que lleguen a leer esto, solo quiero decirles que su sentir es válido. No tienen que encajar sus propias historias o sentimientos en los de otras personas trans para que sean válidos. No hay una única forma de ser trans, somos personas diversas, y está bien si no todes quieren transicionar de la misma manera. No se desesperen si en este momento no tienen los medios para transicionar, fíjense que a mí me llevó unos cuantos años. Tómense su tiempo para explorar su género. Permítanse dudar y no tener todas las respuestas claras, porque eso también es válido y muy lógico en esta sociedad donde nadie nos dijo que éramos válidos.

Pre-TRH // 5 meses en TRH
Pre-TRH vs. 5 meses en TRH.

Y cuídense mucho, por favor. Sé que a veces puede ser desesperante, frustrante, he pasado por la ansiedad y las crisis, sé que es difícil y que uno quiere terminar con eso de una vez. Pero se puede, si no es hoy, eventualmente. Cuídense ustedes, cuiden su cuerpo que es su refugio, su lugar de resistencia y batalla. Busquen apoyo donde puedan, busquen ayuda profesional si pueden (a mí me re salvó mi psicóloga, no habría podido hacer todo esto de no ser por ella), y busquen alguna persona de confianza con la que puedan hablar de esto. Apoyen a otras personas trans, no las juzguen si tienen experiencias diferentes. Ya bastante nos vulnera el sistema como para que nos discriminemos entre nosotres. Cuidémonos entre todes.

Nos vemos la semana que viene con otra reseña de mis lecturas, y seguro en el futuro dedique más entradas a comentar aspectos y progreso de mi transición de género. ¡Hasta el próximo lunes!

~L. Tukić