lunes, 27 de abril de 2020

[Relato] El hombre carbonizado

El siguiente relato forma parte de mi primer libro, Reflexiones y refracciones, publicado en 2018.

[Advertencia de contenido: violencia de género / feminicidio.]

El hombre carbonizado


El hombre carbonizado sigue ahí. Me mira desde la puerta frente a la mía. Yo solo moví la cortina a un lado y entonces lo vi, a través del vidrio. Su puerta está abierta y él está atravesado en el umbral, con sus manos firmes apoyadas en el suelo. Mira hacia arriba, desde abajo, y no llego a ver sus piernas. Capas irregulares de ceniza oscura cubren todo su cuerpo. Menos sus ojos: a veces están ahí, a veces no los veo. Se mueve. O no. Intenta salir. Está huyendo. No, está viniendo a buscarme. ¿Por qué a mí? Yo no lo conozco, pero siempre estuvo ahí. No sé cómo era antes, ni siquiera sé si es un hombre o una mujer. Solo puedo visualizarlo como una silueta negra caminando por la ciudad.

Lo veo en la peatonal, cruzando de lado a lado, interceptando a la gente y tratando de decir algo. Todos pasan de él, siguen su camino, lo ignoran. Lo veo sentarse en el umbral de un edificio público, resignado, aún intentando hablar con la gente que pasa demasiado cerca. Lo veo entrar a la comisaría, y salir al rato, igual que como entró. Nada cambia para él, porque nadie lo escucha. No puedo ver más que su silueta negra, cenicienta, arrastrando los pies, arrastrando su vida. Se cubre el rostro para viajar en el transporte público. Usa unos lentes oscuros, los más grandes que pudo conseguir. Pero ahora sus ojos están ahí, mirándome, desde su umbral. Y me miran con miedo y odio a la vez. ¿Por qué a mí?

En una ventana, frente a mi puerta, a unos metros de la del hombre carbonizado, hay alguien. Sentí su presencia por el rabillo del ojo y giré para ver. Es una silueta pálida. Puedo adivinar en ella un camisón blanco y un cabello rizado cubierto de canas. Al igual que yo, no hace nada, solo observa. ¿Qué mira? ¿Al hombre carbonizado? ¿A mí? ¿Se preguntará por qué yo no estoy haciendo nada, mientras yo me pregunto por qué ella no hace nada? En un segundo, su existencia desaparece de mi mente, porque no puedo quitar un instante más la vista del hombre carbonizado. Por momentos creo que se mueve. Por momentos siento que tras él, dentro de la oscuridad al otro lado de su puerta, hay alguien. Alguien que de a ratos pasa caminando de un lado al otro.

Está nervioso, tiene miedo, al igual que nosotros, por el hombre carbonizado, porque todos sabemos que no es normal que esté ahí, expuesto, mostrando a todo el mundo una verdad que queremos ignorar. Sé quién es él, es la única persona que podría estar allí dentro. Creció en esa casa, en el barrio lo conocemos desde que era pequeño. Pero el hombre carbonizado es una incógnita. Mis ojos permanecen fijos en él. Es lógico pensar que está muerto, porque vamos, es un hombre carbonizado. Pero aún así, lo vigilo con pavor, como si pudiese sentir que en algún momento se levantará y nos arrastrará a todos con él. No sé quién es. Yo lo ignoré. La gente de la peatonal lo ignoró. La gente del transporte público lo ignoró. Y por eso hoy está allí para que todos lo veamos. Con sus últimas fuerzas decidió arrastrarse hasta la puerta para que nadie pueda decir que no vio lo que ocurrió.

Esa es la verdad que no queríamos afrontar. El hombre carbonizado está muerto por nuestra culpa. Y todos estamos condenados a verlo en nuestras pesadillas por todo lo que no lo vimos en la realidad. Lo veremos trepando por las paredes de nuestra casa, entrando por la ventana, y carbonizándonos a nosotros también con solo tocarnos. Porque todos pudimos evitarlo y nadie lo hizo. Porque nadie la vio como un hombre carbonizado el día que llegó a la casa del muchacho. Porque todos pensamos que era una persona extraña de la que había que alejarse, cuando la veíamos pasar cubriéndose el rostro, cuando, a diferencia del muchacho, ella no nos saludaba. Porque todos comentamos que algo raro ocurría dentro de esas paredes, porque todos notamos los movimientos fuera de lo común, la policía, los gritos, las marcas de golpes que ella intentaba ocultar. Pero nadie hizo nada, y ahora es un cadáver a la espera de la verdad, mientras que tras ella se ahoga en desesperación un hombre con la mente carbonizada.

~L. Tukić
06.03.2018

2 comentarios

  1. Me acuerdo de cuando lo recitaste en la Librofest. En el momento me dio muchísima pereza porque quería que tocaran las canciones nomás y pensé que iba a aburrirme. Al final, nos terminó deslumbrando a todos. No nos conocíamos mucho, fue la primera vez que tuve un acercamiento a tu escritura.

    Un besote ♥

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